Piquete y procesión

Creí que había perdido estas imagenes.



El santo patrono al frente de la protesta. Arenga y oración compartiendo el mismo megáfono. El delegado de Dios subido una lanchita para frenar por un rato el negocio de los peces gordos. Como si dijéramos: ahí, en ese punto preciso, la voluntad política de los pescadores se moviliza, logra ir hacia adelante, mirando por un momento hacia atrás.

¿Cuánto de ese imaginario arcaico que tiene en el santo a su mayor emblema colabora, aún hoy, para sostener el realismo urgente, nada mágico, de este reclamo? ¿No es el manto rojo de Silverio, papa exiliado, martir inmigrante, el que se estira para proteger las espaldas de Pedro Santos cuando declara “No somos ni Luís D´Elia ni Raúl Castells, nacimos para pescar”?

El caucho, como la zarza del milagro, no para de arder, pero no fue la mano de Dios la que arrastró las cubiertas hasta la ruta, ni su soplo el que avivó el fuego. La organización y el aguante son de carne y hueso. Y sin embargo ¿Cuánto de la pintura idílica de la pesca artesanal como un venerable oficio amenazado, cuánto de esa detestable postal que de manera regular borra la historia y simplifica lo complejo opera, aquí y ahora, ante una “opinión pública” con la sintonía mental clavada en la mañana de LU2, bloqueando una condena abierta a la acción de quienes, justamente, reclaman al Estado dejar de ser artesanos pintorescos?

El mito milita, pero no sólo del lado de la reacción. Si la Cámara de Pescadores precisa del santo, de la eficacia ambigua del ícono –de la cohesión que gesta hacia adentro y de la red de simpatía y solidaridad que teje hacia afuera-, tanto como de la capacidad instrumental para sacar cuentas y gestionar, quizás sea porque los términos en los que se disputa este conflicto, las chances de librarlo con algún éxito, no se deducen devota, religiosamente, de las contradicciones internas de un modelo de acumulación. Ya sabemos, si el desarrollo de la historia pasada hubiese resultado así de clarito, nuestra preocupación por la historia futura estaría demás.

Pero, ahora mismo, nada de esto importa. Esta mañana las lanchas de pesca se ahogan bajo una lluvia que el resto de la ciudad recibe como una bendición.

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