Las vacaciones de Monsieur Bazin

Ahora que los turistas ya no usan cámaras de rollo, la última película fotográfica es nuestra piel. Esta es la conclusión, más o menos trivial, y si uno se descuida, al cabo dolorosa, a la que se arriba luego de poner un pie en la arena hirviente de la playa, para inmediatamente convertirse, porque uno es pálido como el papel, en el blanco, literal, de todas las miradas. La primera foto de las vacaciones es el empeine achicharrado de nuestro pie. Esos centímetros cuadrados de dermis asados sin piedad, porque la emulsión protectora no llegó a tiempo, o porque no llegó en la dosis correcta, que nos condenan durante los días subsiguientes a habitar en una oscuridad más propia de un cuarto de revelado que de una habitación de hotel, en la que solo nos será dado meditar, una y otra vez, en lo imperfecto de esta analogía, y en lo anacrónico de padecer semejante susceptibilidad a la luz en plena "Era Digital".

La última superficie fotosensible es nuestra piel, tal vez porque fue la primera. O porque la función documental, el lazo entre imagen y existencia que ya casi no le pedimos a las fotos, seguimos exigiéndosela a ella. Lo comprobamos cada vez que, devueltos por una ola al mundo real, nos reencontramos con amigos, parientes y compañeros de trabajo. Entonces, ante el tribunal de nuestros seres queridos, no hay fotos que valgan. Si no te quemaste, no estuviste del todo ahí.



Zoltán Molnár es un fotógrafo húngaro cuya obra notable conocí hace ya más de un año en San Salvador. Hacia esa otra Bahía, tan poco parecida a esta, viajó ayer nuestra amiga Eva.

3 comentarios:

Maxi dijo...

Increíble este video. Observar al que observa. (Igual quiero ver la cara que tenés en la foto que el húngaro te saco.)

Nicolás Testoni dijo...

Debió haber sido terrible la cara, porque la foto nunca me la mostró.

Eva dijo...

¡Qué buen video, Nico! Volví de Bahía con muy pocas fotos y demasiadas impresiones en la piel, las retinas, los oídos, la nariz y las papilas gustativas. Bahía no entra en una cámara ni en diez mil libros.