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Un video viejo, de los primeros que hice para Ferrowhite.



Con suerte nos acordamos de algunas fechas, pero ¿alguien que no sea historiador sabe a qué hora murieron San Martín, Rosas, Sarmiento, Roca, Yrigoyen o, pongamos, Perón? La muerte de Eva, en cambio, convoca no sólo un día y un año sino una hora y un minuto precisos. La voz del locutor de la Secretaría de Informaciones de la Nación quedó sonando en la cabeza de mis abuelos como, vaya uno a saber por qué, también hace eco en la mía. Como si por primera vez una noticia hubiera sido capaz de saltar de la rotativa para frenar el movimiento rectilíneo, uniforme de los tiempos modernos. Así, mientras el recuerdo de otras figuras de la política argentina tiende a quedar fijado a un casillero del almanaque, de Evita pareciera posible acordarse todos los días. Antes de que ella fuera convertida en “esa mujer”, el “cadáver de la nación”, el silencio de las radios cada vez que daban las veinte y veinticinco, producía ese instante por el que se supone ha de filtrarse alguna vez la eternidad, no como tema de los lectores de Benjamin o Baudelaire, sino como una cuestión de Estado.

3 comentarios:

Eva dijo...

"La eternidad como una cuestión de estado": grande, Nico!!!

Nicolás Testoni dijo...

Supongo, Eva, que sin llegar a ser una cuestión de Estado, tu nombre no solo tiene que ver con el relato bíblico ¿no?

Eva dijo...

Para nada. Es tener la historia de mis viejos y la del país concentrada en las tres letras de mi nombre, un privilegio.