La dicha en movimiento

La semana pasada este resúmen filmado de lo que pasó en Ferrowhite durante la Noche de los Museos apareció por varios lados. Faltaba ponerlo acá.



Cuando en los 60 alguien mencionaba la “noche de puerto”, con seguridad estaba hablando de bares, cantinas, peluquerías y cabarets que podían permanecer abiertos hasta la madrugada. El combustible de aquella fiesta ardía en los bolsillos de la mano de obra empleada en la estiba y en el ferrocarril, en el de las tripulaciones de los barcos que permanecían semanas cargando cereal o fruta, y por supuesto, en el de todos los bahienses en plan de reviente.

Hoy el puerto tampoco duerme. Pero su noche es otra. La fabricación de pelets de polietileno, la carga de granos o la pesca en alta mar no distinguen las horas del día. Cuando en este lugar se habla de procesos “altamente automatizados” no se alude simplemente a la menor cantidad de trabajadores involucrados en cada tarea, sino también, y sobre todo, a vidas humanas asimiladas casi por completo al ritmo de funcionamiento de las máquinas. Los operarios que, como Marcelo Bustos, pasan meses en alta mar trabajando 12 horas y descansando cuatro, en forma rotativa, pierden inevitablemente la cuenta de los días.

Es a esa noche a la que el museo asoma, desafiando un poco la lógica de funcionamiento cerrado -con entradas y salidas bajo control estricto-, a la que tanto la industria como la industria de la cultura tienden. Y no para añorar una fiesta que la mayoría de nosotros no vivió, sino para volcar la fuerza de aquellas aguas en estas. El sábado diluvió. La dicha es un sentimiento que se conjuga en presente.


Publicado el 22 de marzo en museo taller.

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