"La habitación infinita" es una serie de proyecciones que con Christian Delgado venimos realizando en campos, quintas y chacras del sudoeste de la provincia de Buenos Aires.
Vos sabés que pasó algo raro con esta proyección. Ya habíamos probado otras imagenes en ese chiquero y el chancho permanecía siempre echado, más o menos indiferente a todo lo que sucedía a su alrededor, cuando de pronto aparece la filmación de estas plantas que mueve el viento, y el bicho se para, arrima el hocico a la pared y empieza a masticar en el aire. El chancho quería comerse nuestra proyección. Lo mismo que, según cuentan, le pasó a los pajaritos que el griego Zeuxis engañaba pintando uvas demasiado reales.
¿Será el uso de la mímesis como arma de guerra lo que recomienza?
Como todo lo que escribís es muy narrativo, comencé a leer tu respuesta, e inmediatamente me acordé de algo que pasó en P.Luro frente a mis ojos ...
Solíamos ir con mis viejos a ver al "Tío Pedro", que resultó ser polaco o algo así, y en uno de esos viajes vi como a uno de los peones o amigos del Tío lo atacaba un chancho. Así nomás. Que pasó, no recuerdo, pero fué como una escena de duelo y el chancho tomó carrera unos cuantos metros. El tipo, hasta donde yo ví, lo esperó. Me recagué y me escondí atrás de mi viejo.
Te cuento además, que el Tío me había regalado una chancha que se llamaba Felipa (algo diametralmente opuesto a cualquier mascota amiga), y un carrito de madera que hoy es parte del patrimonio de Antonia y está buenísimo.
Lo había borrado del RAM hasta que leí las primeras líneas de tu respuesta, y como por arte de magia, volvió a mí. Así que este correo es para darte las gracias.
Sí, los chanchos son animales de temer, a pesar de que Sergio, el flaco que se ocupa de ellos en el criadero que visitamos, diga que pueden llegar a ser más mansos que un perro ("y más inteligentes que un cristiano").
4 comentarios:
Luz mala, mmm ... la guerra del cerdo recomenzará, Nico?
Abrazo.
Vos sabés que pasó algo raro con esta proyección. Ya habíamos probado otras imagenes en ese chiquero y el chancho permanecía siempre echado, más o menos indiferente a todo lo que sucedía a su alrededor, cuando de pronto aparece la filmación de estas plantas que mueve el viento, y el bicho se para, arrima el hocico a la pared y empieza a masticar en el aire. El chancho quería comerse nuestra proyección. Lo mismo que, según cuentan, le pasó a los pajaritos que el griego Zeuxis engañaba pintando uvas demasiado reales.
¿Será el uso de la mímesis como arma de guerra lo que recomienza?
Nico:
Como todo lo que escribís es muy narrativo, comencé a leer tu respuesta, e inmediatamente me acordé de algo que pasó en P.Luro frente a mis ojos ...
Solíamos ir con mis viejos a ver al "Tío Pedro", que resultó ser polaco o algo así, y en uno de esos viajes vi como a uno de los peones o amigos del Tío lo atacaba un chancho. Así nomás. Que pasó, no recuerdo, pero fué como una escena de duelo y el chancho tomó carrera unos cuantos metros. El tipo, hasta donde yo ví, lo esperó. Me recagué y me escondí atrás de mi viejo.
Te cuento además, que el Tío me había regalado una chancha que se llamaba Felipa (algo diametralmente opuesto a cualquier mascota amiga), y un carrito de madera que hoy es parte del patrimonio de Antonia y está buenísimo.
Lo había borrado del RAM hasta que leí las primeras líneas de tu respuesta, y como por arte de magia, volvió a mí. Así que este correo es para darte las gracias.
Buenísima la anécdota.
Sí, los chanchos son animales de temer, a pesar de que Sergio, el flaco que se ocupa de ellos en el criadero que visitamos, diga que pueden llegar a ser más mansos que un perro ("y más inteligentes que un cristiano").
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